Pequeños navegantes.

Magazine 31 de octubre del 2010.  Texto de Antonio Ortí 

Prohibir a un niño conectarse a internet no es el mejor camino, dicen los expertos. Si no navega en casa, lo hará en otro sitio. Es mucho mejor llevarle de la mano hasta que aprenda a valerse por sí solo.  

Una madre escribe en el ordenador: “¿Cómo te ha ido en el colegio, hija? Tu padre y yo te echamos mucho de menos. ¿Por qué no apagas un rato el PC, sales de tu habitación y vienes a cenar algo?”. El chiste se cuenta a la puerta de los colegios. La reacción más habitual entre los padres es reírse, luego contar las anécdotas que les atañen y debatir qué se debe decir a un niño que pide jugar con internet “igual que hacen mis amigos”.Paulino Castells también apela al sentido común, aunque su visión sea diferente. Imparte clases de Psicología en la Universidad Abat Oliba-CEU de Barcelona y es autor de una veintena de libros que exploran la naturaleza infantil y las relaciones familiares. “No se puede pretender –asegura– que un padre adiestre a su hijo en las nuevas tecnologías, pero sí que le explique que todos los valores humanos parten de la sabiduría ­tradi­cional.”

En El curioso caso de Benjamin Button, Brad Pitt nace con la apariencia de un anciano, aunque sea un bebé. Puede que algunos padres piensen en esta película observando a su hijo de seis o siete años manejarse con total soltura en el teclado. “Hasta la irrupción de las nuevas tecnologías, los adultos estaban acostumbrados a ser quienes enseñaban a los niños y no al revés. Pero ahora ese flujo de conocimiento se ha invertido”, señala Enrique Dans, autor de Todo va a cambiar (Editorial Deusto).

Dans es doctor en sistemas de información por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y crea opinión en todo lo que esté relacionado con internet y las nuevas tecnologías. Cuando suena, su móvil reproduce el sonido de R-2 D-2, el robot sabelotodo de La guerra de las galaxias, por lo que no sorprende que sus teorías sean una especie de avanzadilla de algo que, escuchándole, parece inminente.

“¿Qué tipo de actitud debemos tener ante un niño que quiere jugar en internet? –pregunta–. Yo aconsejo poner a los hijos en contacto con el ordenador lo antes posible. No se trata, por supuesto, de dejar a un niño de uno o dos años a solas con el ordenador, ya que podría desde tragarse una tecla hasta asfixiarse con el cable, pero sí, por ejemplo, de empezar a enseñarle contenidos adaptados a su edad para que comience a ver el ordenador como una parte más de su mundo.”

En opinión de este experto, los dos años no son una mala edad para que un niño empiece a mover el ratón, “obviamente bajo supervisión y con sentido común”. Pone como ejemplo a su hija, que con tres años ya pintó su primera casita en el ordenador.

Puede que a muchos padres les cause asombro la idea de entregar el ratón a una niña de dos años, pero algunas asociaciones de pediatría ya trabajan también en esa línea. Y, con respecto a lo de hacer uso del sentido común, significa no utilizar el ordenador como un canguro, dejar al crío solo durante largos periodos ante la computadora.

A su juicio, “el botellón electrónico es incluso más peligroso que el químico”, por lo que recomienda tener cuidado “con la adicción a internet”. Pero Castells se pone del lado de los niños cuando se le plantea la conveniencia de instalar un filtro informático que controle las páginas que visitan: “El mejor filtro es la educación. Es una cuestión de confianza. Si los padres sospechan, que actúen, nadie conoce mejor a sus hijos. Pero como hobby, se desaconseja violar su privacidad. El problema es cuando un padre actúa impulsivamente y entra en la vida de su hijo como un elefante en una cacharrería”. “Antes de dar ese paso –añade–, es mejor asesorarse, porque cuando se rompe la confianza luego es difícil recuperarla.”

En relación con la adicción a internet, y pese a que algunas clínicas privadas ofrecen tratamientos de deshabituación carísimos, esta adicción no figura en el DSM-IV, el manual más utilizado en el mundo para el diagnóstico de desórdenes mentales, que edita la Asociación Americana de Psiquiatría. Tampoco ha sido aceptado aún el trastorno por la Organización Mundial de la Salud.

¿Cuál es la frontera entre un uso normal y uno de riesgo? “Yo diría que desatender las necesidades básicas. Es decir, saltarse comidas, no verse con los amigos y preferir la realidad virtual a la vida real”, contesta Juan Alberto Estallo, pionero en España en el estudio de los efectos psicológicos de las nuevas tecnologías y autor de Videojuegos: juicios y prejuicios (Ed. Planeta). “A los críos lo que hay que ofrecerles es variedad. Lo preocupante es que un niño que tiene diferentes actividades que elegir, entre las que se incluyen cosas que siempre le han gustado, las rechace y se refugie en internet”, indica Estallo.

Su recomendación para los padres de una niña o de un niño que hayan recibido a través de internet un impacto inapropiado para su edad es mantener la calma. “En primer lugar, que no se asusten y que piensen que no es el primer niño al que le pasa algo parecido. Mi segunda sugerencia sería observar si la conducta del niño cambia. Si hay algún cambio, hay que valorarlo y comprobar si es pasajero o se mantiene en el tiempo. En caso de que disminuya su rendimiento escolar, lo mejor es ir a la escuela, mientras que si el cambio tiene que ver con la salud, hay que acudir al médico. La clave es asesorarse y no actuar a la tremenda”, aconseja.

¿Cómo se le hace entender a un niño lo que es internet? Aquí cada experto tiene su librillo. Según escribe en un post José Cervera, otro de los gurús de internet, la red no es muy diferente a una gran ciudad en la que la mayor parte del territorio es seguro, aunque existan barrios en los que es preferible no pasear solo por la noche. En su opinión, hay que llevar a los niños de la mano para que conozcan ese mundo, en lugar de privarles de él con la excusa de protegerles. No se trata de prohibirles salir a la calle, sino de enseñarles a respetar los semáforos. Y también hay que estar preparados para, cuando cometan errores, saber reaccionar ante ellos.

Y es que, al final, la mejor herencia que se puede dejar a un hijo es que sepa valerse por sí mismo.

Hablar su idioma
Cada vez hay más internautas de cortísima edad que con un sólo clic viajan mucho más lejos de lo que les gustaría a sus progenitores. Marc Prensky, autor de No me molestes mami. Estoy aprendiendo, les denomina “nativos digitales”, en oposición a sus padres, que en muchos casos son “inmigrantes digitales”.

Es decir, muchos papás y mamás pueden intentar “hablar en digital”, pero siempre “se les notará el acento”, dice. Eso sí, los expertos creen que es mejor compartir videojuegos, comunicarse por e-mail o enviarse SMS que acabar hablando idiomas distintos.

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